Who is Michael Torres?: “I feel like I’m pregnant with an image”

Por María del Carmen Rascón Castro

Fotografía: “Pursuing a dream”, Michael Torres.

Hace muchos años Saltillo solía ser la capital de Texas. Hoy el título le pertenece a la ciudad de Austin, de ahí que hayan sido nombradas ciudades hermanas. Del 34.5% de población latina que habita en Austin, un 23.44% son mexicanos o descendientes de mexicanos. Algunas de estas familias llevan tantas generaciones en Texas que han olvidado exactamente el lugar de donde vinieron.

Michael Torres nació y creció en Lubbok, a 552 kilómetros de la frontera de El Paso. Recuerda haber visitado México en un par de ocasiones y sabe hablar un poco de español, aunque de pequeño su madre le advertía que fuera de casa debía hablar exclusivamente en inglés. Empezó a dibujar desde que era un niño y, al crecer, trabajó durante algunos años hasta que su padre le ofreció un espacio para dedicarse puramente a su obra artística. En dos años consiguió pintar 105 obras distintas.

Lleva poco tiempo viviendo en Austin y ha pintado alrededor de 500 obras. Su uniforme es una camisa y un pantalón ordinarios cubiertos de pintura seca. En el salón donde trabaja hay montones de libros sobre psicología y anatomía; es un pintor autodidacta con veinte años de experiencia, capaz de crear imágenes que nos invitan a sumergirnos en paisajes inexistentes: algo en sus pinturas nos parece conocido, de pronto se tiene la impresión de que nos ha pintado a nosotros mismos.

Torres explica que sus ideas deben desarrollarse antes de que pueda expresarlas en un lienzo o en papel: “I feel like I’m pregnant with an image (…) sometimes I carry a piece inside of me for years”. Su intención es intimidar a las personas con sus piezas y mostrarles su trabajo de una manera en que puedan vivirlo. Inspirado por el concepto del surrealismo, atraviesa los estados de la mente humana hasta tocar el subconsciente.

Una de sus pinturas más recientes, “Pursuing a dream”, retrata a una mujer a punto de realizar su sueño. La razón de que esté sola es porque nadie puede hacer eso por ella: “Everyone has dreams. The people who make those dreams real are people who chase it, even though it may look silly sometimes. I mean like pursuing something that most people don’t think it’s possible (…) Pursuing that dream is something we have to do on our own.” En otras ocasiones, cuando no entiende algunas de las cosas con las que lidia internamente, crea piezas experimentales sin intentar racionalizarlas, expresando físicamente las cosas que le pasan para observarlas después.

La mayor parte de su trabajo trata sobre las personas, le gusta salir a la calle y verlas interactuar. Siente amor por ellas y desea que se amen entre sí. No le importa si apoyan o detestan a Trump, si son racistas o no; ha tenido muchos amigos racistas que aun así lo aprecian: “And that starts with me, because I´m not afraid to love you even if you´re looking me with disgust. I still treat you like my friend, and to me that is kind of like the basis of my work”.

Si te interesa conocer más de cerca su trabajo y proceso artístico, puedes visitar su cuenta de Instagram, bajo el nombre de usuario @whoismichaeltorres.

 

Qué son las olas del feminismo y el nuevo concepto de “tsunami”

Por María del Carmen Rascón

Desde hace siglos las mujeres se manifiestan por alcanzar la igualdad. En el siglo XVIII no podían estudiar, votar, ni escoger con quien casarse. Aunque la Ilustración perseguía la lucha por la igualdad, independientemente de las clases sociales, La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano no incluía a la mujer.

En respuesta, Olimpe de Gouges (que debería ser la heroína de cualquier niña), escribió La Declaración de la Mujer y la Ciudadana. Su aportación no fue bien recibida y la guillotinaron: con ella comienza la primera ola del feminismo. A partir de entonces se prohibió que hubiera más de cinco mujeres en la calle y muchas fueron encarceladas. Las dejaron sin derechos civiles ni políticos, mandando que fueran obedientes a sus esposos.  

La segunda ola del feminismo fue puramente sufragista. Si la mujer adquiría el derecho de votar, los demás derechos se conseguirían poco a poco. El movimiento feminista se transformó en un movimiento de acción social. En Inglaterra, las mujeres hicieron  huelgas de hambre, sabotearon a los líderes políticos, ¡incluso lanzaron bombas y provocaron incendios! Durante años fueron humilladas, ¿te suena familiar?

Al final de la Primera Guerra Mundial, las mujeres empezaron a obtener el voto en distintos países: a Inglaterra llegó en 1918 (sólo para mayores de 30) y a los Estados Unidos en 1920 (sólo para mujeres blancas). En México llegaría hasta 1947, gracias a los esfuerzos de feministas como Elvia Carrillo Puerto (¡otra heroína!) que consagró su vida a conseguir que las mujeres pudiéramos votar. 

Surgieron feministas con nuevas realidades, entre ellas Sojourner Truth, una esclava negra que habló por primera vez de la doble exclusión. Otro ejemplo es Flora Tristán, feminista y socialista que habló de las mujeres obreras y  la doble represión que se ejerce sobre ellas (de clase y de género), explicando que la mujer es “La proletaria del proletariado”. 

Para cuando comienza la tercera ola del feminismo, ha terminado la Segunda Guerra Mundial. En su Mística de la feminidad, Betty Friedan  intenta dar explicación a la insatisfacción de miles de amas de casa, diciendo que se sienten ansiosas porque priorizan el cuidado de los otros antes que el de ellas mismas, ¡el libro es un éxito de ventas!

Finalmente, con la cuarta ola del feminismo llegan las mujeres liberales y radicales.  Realizan protestas públicas en los certámenes de belleza, a los que consideran una cosificación de la mujer. Se crean espacios femeninos y seguros para mujeres maltratadas, centros de acompañamiento y guarderías. Aparecen movimientos de gran envergadura como #MeToo, que las mujeres utilizan para denunciar públicamente sus experiencias de abuso; las mujeres transexuales se suman a la causa y surgen nuevos feminismos, entre ellos el feminismo negro y el abolicionista. 

Hasta aquí podemos dejar de seguir numerando más olas feministas. En el prólogo de la antología de ensayos feministas Tsunami, Gabriela Jáuregui explica cómo el  feminismo ha alcanzado unas dimensiones tan gigantescas que, ola tras ola, se ha convertido en un Tsunami.

Es justo para las mujeres feministas un concepto como este. Estamos en todas partes, cada vez más visibles y reaccionarias, cada vez más unidas… y sin embargo quedan muchos derechos por conquistar.